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Aunque dejar de fumar es lo mejor para prevenir el cáncer de
pulmón, los adictos a la nicotina que no puedan abandonar el
tabaco tal vez pronto tengan una nueva forma de atenuar el riesgo.
Científicos estadounidenses ya están realizando los
primeros ensayos clínicos en humanos con una pastilla que acelera
el proceso de desactivación de las toxinas del humo.
"De ninguna manera estamos diciendo que fumar está bien
ni se la estamos haciendo más fácil a los fumadores:
sólo esperamos reducir uno de los terribles efectos adversos
del tabaco", asegura Raymond Bergen, oncólogo del Centro
de Cáncer de la Northwestern University, en Chicago, Estados
Unidos.
El medicamento -oltipraz- es un derivado sintético de ciertas
sustancias azufradas presentes en el brócoli, coliflor y repollo.
La relación no es casual: los tres son vegetales cuyo consumo
regular ha demostrado reducir distintos tipos de cáncer.
Desarmar al enemigo
Hoy el tabaco mata a una de cada diez personas, y si la tendencia
se mantiene la cifra va a trepar en el año 2030 a uno de cada
seis adultos.
El
cáncer de pulmón es uno de sus modus operandi predilectos:
se calcula que en todo el mundo esa enfermedad lleva a la tumba
a un fumador cada 40 segundos. "El 90% de los casos tiene relación
directa con el cigarrillo", dice el oncólogo Diego Perrazo,
ex director del Hospital de Oncología Angel Roffo de Buenos
Aires y presidente de la Unión Antitabáquica Argentina
(Uata).
El objetivo del oltipraz es estimular a ciertas enzimas (proteínas)
del hígado para que aceleren el proceso de desintoxicación,
esto es, favorezcan la eliminación de las sustancias nocivas
del cigarrillo a través de la orina. "Básicamente,
estamos reduciendo la exposición del cuerpo a los tóxicos",
afirma Bergen.
El trabajo será arduo. Con cada pitada ingresan a los pulmones
y a la sangre más de cuarenta mil sustancias químicas,
algunas ya existentes en las hojas de tabaco y otras que se forman
en el proceso mismo de combustión. Por lo menos 70 de ellas
son probadamente cancerígenas, como el benceno, el benzopireno
o las nitrosamidas.
Aplicaciones terapéuticas y críticas
Algunos especialistas consideran que, de tener éxito, el
producto sólo debería ser administrado a quienes carguen
una historia de más de 15 años de tabaquismo. "El
cáncer de pulmón tarda mucho en desarrollarse, tiene
un período de latencia largo", sostiene Perazzo.
Sin embargo, Perazzo y muchos médicos temen que un fármaco
que reduzca el riesgo de cáncer de pulmón puede restar
alicientes a las campañas contra el tabaco, y crear en consecuencia
una falsa sensación de seguridad.
Hay efectos del tabaco que se sufren a los pocos meses o años
de fumar: bronquitis, asma, aumento de la presión arterial
o riesgo de enfisema. Y sobre todo eso, el oltipraz es incapaz de
actuar.
"Ninguna pastilla puede lograr que fumar sea seguro: dejar
el hábito sigue siendo una medida mucho más efectiva",
asevera Michael Thun, de la Asociación Americana de Cáncer.
Para la médica Argentina Elba Renda, una de las creadoras
del método Aire Libre para dejar de fumar, es difícil
que un solo producto pueda contrarrestar todos los efectos nocivos
del tabaco. "Puede ser un arma de doble filo", reflexiona.
Aunque dejar el cigarrillo es más difícil cuanto mayor
sea el tiempo que la persona haya fumado, la combinación
de técnicas psicológicas, grupos de apoyo, parches
o chicles de nicotina y, eventualmente, cierto antidepresivo (bupropión)
aumentan las probabilidades de éxito.
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