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EL CANNABIS ALIVIA, PERO NO CURA

Investigaciones anteriores

A pesar de la aprobación de un novedoso fármaco derivado de la droga, los expertos dudan aún de la eficacia de la marihuana para combatir enfermedades

La autorización de un nuevo fármaco derivado del cannabis como anitiemético ha reabierto el debate sobre los posibles usos terapéuticos de la droga ilegal más consumida. Los expertos reconocen la necesidad de investigar, pero alertan contra los «mitos» en torno a las propiedades de la marihuana.

El cannabis puede ser también una medicina. Esta es la hipótesis a la que apuntan los estudios clínicos que han intentado demostrar la utilidad de esta droga ilegal para aliviar los síntomas de enfermos terminales e incluso para el tratamiento de tumores de cerebro o esclerosis múltiple. El debate sobre los usos terapéuticos del cannabis ha llevado también al Plan Nacional Sobre Drogas a encargar informes para decidir si autoriza su utilización en los hospitales.

De momento, Sanidad ya ha autorizado un nuevo fármaco derivado de la planta para paliar las náuseas y vómitos producidos por los tratamientos de quimioterapia.El medicamento, que se comercializará con el nombre de Nabilone, se solicitará al Ministerio a petición del facultativo y sólo en casos en los que otros fármacos no hayan resultado efectivos. Tras la polémica por la legalización terapéutica surge la pregunta de si, en realidad, se trata, entonces, de una droga «buena»? Los expertos aún no se han puesto de acuerdo, pero suelen contestar que, como la mayoría de los medicamentos, no hace milagros.

Uso o abuso
Los expertos también están de acuerdo en que el cannabis puede provocar cáncer de pulmón de manera similar que el consumo de tabaco. «Se han encontrado muchos casos, pero no existen estudios exhaustivos, como en el caso del tabaco, se tiene la impresión de que puede producir cáncer, pero el motivo es que la mayoría de los fumadores de marihuana lo son también de tabaco, es difícil encontrar un fumador puro de cannabis, por eso no hay estadísticas», explica Jiménez. Lo que sí se ha demostrado estadísticamente es que los fumadores de «porros» tienen de 15 a 20 veces más posibilidades de desarrollar tumores de pulmón que un no fumador.

También existen diversas conjeturas sobre las propiedades terapéuticas de la droga. El único uso médico del que se tienen evidencias científicas es como antiemético (para el tratamiento de náuseas y vómitos) y como estimulante del apetito de los enfermos en fase terminal o para aquellos que se estén sometiendo a sesiones de quimioterapia contra un cáncer. Sin embargo, no es cierto que el cannabis tenga un efecto analgésico significativo. «Su poder para aliviar el dolor es menor que el de una aspirina», asegura Antonio Pascual, Presidente de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos. «En nuestra unidad de cuidados no recetamos un porro cada ocho horas ni nada por el estilo, porque su utilidad es algo difícil de evaluar. Los enfermos que son fumadores habituales pueden sentirse mejor, pero no se puede generalizar, sería como recetar tabaco», añade.

El doctor Pascual también se muestra escéptico respecto a las demás propiedades terapéuticas que se han atribuído al cannabis, y lamenta que su autorización para aliviar las molestias de los pacientes terminales, aunque es bienvenida como un avance para mejorar su calidad de vida, «no va a ser la panacea».

¿La droga contra el cáncer?
La posibilidad de que los derivados de la marihuana curen no sólo los síntomas de la fase terminal del cáncer, sino los propios tumores es otra de las que más «suenan». Esta teoría se basa en el ensayos clínicos realizados en ratones en los que se demuestra que el tetrahidrocannabinol (THC), principio activo del cannabis, actúa sobre unos receptores del cerebro muy parecidos a esta sustancia, los endocannabinoides de modo que enfermedades como el glaucoma pueden mejorar notablemente e incluso los tumores del cerebro se reducen y llegan a desaparecer.

Sin embargo, no se ha llegado a demostrar la utilidad del principio activo aplicado a los humanos, ya que existen riesgos. Parece ser que algunos de los efectos agudos del THC, como las reacciones centrales desagradables, intoxicaciones y lesiones temporales en las funciones motora y cognitiva limitan su utilidad como fármaco. Además, según los expertos, existe un margen muy estrecho entre la dosis que produce los efectos deseados y los indeseados.

En España aún no se han realizado estudios concluyentes sobre las aplicaciones del cannabis contra el cáncer, y hay científicos que denuncian que es precisamente el interés de algunos sectores de mezclar o confundir los usos clínicos de la planta con una posible legalización de sus aplicaciones como droga recreativa o «de abuso» los que más están retrasando la investigación en este campo.

La esclerosis múltiple, la espasticidad, la migraña, la epilepsia y algunas lesiones en la médula espinal son otras enfermedades para las que se ha mencionado la posible utilidad del cannabis, sin embargo, no se han llegado a demostrar estos efectos más que en casos anecdóticos, en los que los pacientes no habían respondido a ningún otro tipo de tratamientos farmacológicos.
Precauciones

Sin embargo, sí se ha demosrado que los efectos cardiovasculares del tetrahidrocannabinol y su tendencia a empeorar los síntomas de la esquizofrenia, los pacientes que sufran trastornos mentales o con enfermedades del aparato circulatorio no son, en principio, sujetos aptos para recibir tratamientos elaborados a partir del cannabis, ya sea en forma de preparado farmacéutico o fumado.
Además, como sucede con la mayoría de los demás fármacos que afectan al sistema nervioso central, los médicos recomiendan a las embarazadas que no se utilice durante el período de gestación, ni como droga recreativa ni con fines medicinales, ya que podría causar daños al feto.

En lo que están de acuerdo casi todos los expertos es en que hacen falta pruebas clínicas de mayor fiabilidad y, sobre todo, mejor controladas. Además, puesto que la dosis y las vías de administración de la droga podrían ser dos factores clave para determinar si una misma sustancia beneficia o perjudica, es imprescindible seguir investigando en la mejora de los métodos de administración de los fármacos. Para ello, será también necesario aclarar que, el hecho de que posea usos terapéuticos, no tiene nada que ver con la utilización como droga recreativa.

Fuente: emerimagen.com

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