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El consumo
de las drogas de diseño o síntesis, entre las que está el éxtasis
(MDMA), se ha disparado: hasta un 850 por ciento más en los últimos
cuatro años. El concepto de droga limpia, su bajo precio y la asociación
al ocio juvenil lo han alentado. Pero el éxtasis mata y antes de
matar desencadena un cuadro de ansiedad, taquicardía, temblores
o hipertermia de efectos imprevisibles.
MADRID. «Pásame
dos «pirulas» de las de siempre». «Son 20 euros. Esto es otra cosa,
ya verás». Las «pirulas» son pastillas de éxtasis o MDMA, derivados
anfetamínicos de anillos sustituidos que se sintetizan a partir
del núcleo de la anfetamina. En España, según los responsables policiales
de Estupefacientes, circulan más de 800 variedades de cualquier
color y con cualquier logotipo de moda -las conocidas «mitsubishi»
o «sonrisas» han dado paso en los últimos meses al «demonio de Tasmania»
o «superman»-, pero no se sabe a ciencia cierta cuántas hay. Son
sustancias elaboradas en laboratorios clandestinos de los Países
Bajos y Alemania, a partir de precursores químicos.
«En nuestro
país no hay laboratorios porque no es rentable montarlos. Una condición
es la máquina troqueladora; otra cosa es que se manipule una partida
de pastillas, se muelan y se les añada excipientes, pero eso no
es un laboratorio», aclara un responsable de la Udyco de la Comisaría
General de Policía Judicial. Jugar a la ruleta rusa.
Fabricar una
pastilla cuesta menos de un euro y en el mercado su precio oscila
entre los cinco y los 18 euros. Casi todo lo que rodea al éxtasis
son incógnitas, pese a su espectacular aumento en el mercado y en
el consumo, de ahí que médicos y policías equiparan la ingestión
de esta droga a «jugar a la ruleta rusa». «Cuando la consumes desconoces
qué estás tomando, en qué dosis y que sustancias acompañan al principio
activo; es un suicidio», explica un especialista de los Laboratorios
Químicos de la Policía.
Las cifras no
dejan resquicio: si en 1997 en todo el mundo se requisaron 3.295.000
pastillas, en el año 2000 ese número llegó a 30.532.000. En el caso
español, en 1997 se decomisaron 185.000; en 1999, 357.000; un año
después las incautaciones llegaron hasta las 891.000, y en los seis
primeros meses de 2002 ya se han superado las 800.000 pastillas
aprehendidas por los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad. Madrid es una
de las zonas de mayor consumo (le siguen Levante y Baleares) y,
por tanto, los datos referidos que se traducen en un incremento
del 850 por ciento, perfectamente extrapolables. Ninguna otra droga
ha crecido de esta forma.
Según la última
encuesta realizada a adolescentes de entre 14 y 18 años por el Plan
Nacional de Drogas, el 2,5 por ciento consume éxtasis habitualmente
(frente al 1,6 por ciento en 1998). Otro estudio de la Agencia Antidroga
señala que el 14, 63 por ciento de jóvenes madrileños de la misma
edad ha probado alguna vez las pastillas.
«El «pastillero»
es un toxicómano atípico: es un joven socialmente estable, procedente
de cualquier estrato y que rechaza a los consumidores de heroína.
Él se siente por encima y no se considera adicto; sólo lo asocia
al ocio», relatan expertos policiales. «En el ámbito familiar es
casi imposible detectarlo y para tomar pastillas no hace falta vencer
ningún acto traumático, como fumar hachís, esnifar o inyectarse,
de ahí que se considere una droga limpia». Negocio rentable y
poco riesgo.
Las pastillas
son un negocio muy rentable y poco arriesgado, controlado por redes
pequeñas aunque también hay organizadas. Llega casi todo de Holanda
por carretera y no suele existir contacto entre quienes las fabrican
y los distribuidores. Los logotipos sirven a la Policía para orientar
las macroinvestigaciones e implican un estilo comercial y una confianza
en el proveedor. El efecto contrario es que provocan una «competencia
desleal», como ocurrió con la «mitsubishi», cuyo principio activo
era tan potente que copiaron el logo, pero no la composición. Según
los expertos, es habitual encontrar pastillas dentro de la misma
partida con cantidades muy distintas de principio activo (MDMA),
lo que desvirtúa una potencial investigación, y sustancias que nada
tienen que ver vendidas como éxtasis con efectos más tardíos y,
por tanto, más peligrosos. GHB: el éxtasis líquido u oro bebible.
Frente al éxtasis,
presente en España desde finales de los ochenta, hace menos de dos
años que empezó a circular el mal llamado "éxtasis líquido" (se
incautó por primera vez en Madrid en 1996), sustancia que supuestamente
ingirieron los jóvenes intoxicados la pasada semana en una "rave"
de Leganés. Se trata de Gamma Hidroxi-butirato (GHB), cuyos efectos
son los contrarios del éxtasis, ya que es un depresor, como el alcohol.
Se le conoce como oro bebible, biberón, "scoop" o "somatomax", entre
otros y fue incluido en 2001 en la lista de sustancias fiscalizadas
por la ONU.
Es un líquido
caro, sin olor ni color y a veces sin sabor. Se comercializa en
tubos pequeños o en cápsulas y rara vez en pastillas. Provoca depresión
neurológica, somnolencia, obnubilación, respiración lenta o irregular,
descoordinación, confusión, incontinencia y temblores y su abuso
puede degenerar en un estado de coma. Su absorción es muy rápida
(entre diez y quince minutos) y no es posible detectarlo ni en la
sangre ni en la orina con análisis toxicológicos rutinarios.
Fuente: www.mir.es
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Porcentaje
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| Cocaína |
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37.17
% |
| Éxtasis |
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32.56
% |
| Heroína |
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5.26
% |
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